!Ahora le toca al pueblo!
La partida terrenal del estadista
a carta cabal evidenció, sin duda alguna, esa cohesión unitaria y comunitaria
del pueblo; mensajes de condolencia, recordaciones vívidas, estima, respeto y
afectos, pero sobre todo admiración. Estas expresiones, enunciadas desde todas
las aristas de la sociedad ecuatoriana, pusieron sobre la mesa su actitud y
forma de hacer política: un profundo respeto irrestricto al pluralismo
ideológico y a la diversidad de pensamiento. Solo así se puede explicar cómo
personajes de la política ecuatoriana, presentadores, periodistas, académicos,
deportistas, autoridades electas y exautoridades de extremos opuestos entre sí
extendieron su reconocimiento a la trayectoria de un gran ejemplo de político.
Con tan solo revisar las redes
sociales, desde el día jueves las palabras "Rodrigo Borja" e
"Izquierda Democrática" fueron tendencia gracias a las interacciones
y comentarios que rendían homenaje, en algunos casos al líder y en otros al
compañero, al amigo, al coideario e incluso, en ocasiones, al detractor. Lo que
resulta aún más sorprendente, y que destaco de aquellos comentarios, es la ética
del poder de quien, cuando lo ejerció, diferenció con claridad entre democracia
y populismo. ¡Ahora le toca al pueblo! Así lo expone con firmeza en su Socialismo
Democrático, para entender que nos toca a todos, juntos en comunidad y
en unidad. El mayor tributo, continuar su legado.
Finalmente, para entender el
calibre de ser humano, no recurro a su obra Recovecos de la Historia,
sino que parafraseo lo visto en miles de interacciones que dan fe de que Borja
existirá: en el anhelo insaciable de igualdad y justicia social, en su
honestidad ejemplar, en la prédica constante de la idea de libertad y progreso,
en la unidad latinoamericana, en la internacionalización del Ecuador y en la
soberanía petrolera y productiva.
Borja exisitrá en el sabor
coloquial de las ferias y mercados; en lo cotidiano de leer y escribir gracias
a la campaña Monseñor Leonidas Proaño; en los centros de salud, el flúor en la
sal, los hospitales y los planes de vivienda. En la paz provista con la entrega
pacífica de armas y lo que pudo ser el camino para evitar el Cenepa; en el
recordatorio sempiterno de lo que es sentir la democracia para aquellos pueblos
históricamente excluidos, que finalmente fueron escuchados y reivindicados con
tierras y reconocimiento intercultural.
No queda duda de que fue el
hombre que inició un ideario forjado con barro ecuatoriano.



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