RED FLAGS DE BASE
Apreciado lector, seguramente
usted en algún momento de la vida ha participado en una organización o,
posiblemente, aún lo hace de manera permanente.
Como acostumbro en este espacio,
procuro encaminar aspiraciones colectivas y visibilizar problemáticas sociales.
En esta ocasión, quiero hacer una breve descripción de tres tipologías de
militantes que causan graves daños a la organización; los identificaremos a
través de claras "banderas rojas".
El primero lo denomino "el
tecla brava". Para este militante, el territorio es pura utopía. Considera
que su función es interpelar negativamente a los compañeros, buscarle el lado
negativo a todo argumento y proceso, y creer que todo está mal o que ninguna
gestión sirve. Para él, el espacio virtual, el chat o el post de redes sociales
es un ring; allí, bajo su escaso entendimiento, la adjetivación y el ataque son
la mejor forma de "sembrar criterio". No le importan los insultos y
se vale de ellos; casi siempre, si el espacio es público, usará fotos de perfil
inexistentes. En espacios internos, es de aquellos militantes que nadie ha
visto jamás y, si por "cohesión divina" se presenta, resulta ser una
mansa paloma: callado e invisible.
"El apantallado": Este
militante, por lo general, es cercano al Derecho (ya sea por profesión o
apariencia). Su criterio es sentencia: no suma, no trabaja y no enriquece al
grupo; solo "apantalla". Sus comentarios cuestionan todo, pero no
aportan nada. Cuando se busca responsabilizarlo de algo, no puede, no tiene
tiempo o requiere de un equipo. Nadie lo apoya, pero su voz finge mover
multitudes, aunque jamás ha pisado el territorio, desconoce esa realidad y,
mucho menos, ha ejercido un liderazgo real.
"El cuadrazo": Para él,
llenar cualquier evento es sencillo (verbalmente). Es artífice de su propia
ficción de logros que, claramente, no son propios, pero que en un atrevimiento
general se adjudica. En su imaginación lo siguen miles —y según la escala del
espacio, millones—. Se dice "de base", pero no conserva a ningún
compañero, tampoco los motiva y mucho menos ha crecido. No evoluciona, se queda
relegado. Al final, su falta de comprensión lo lleva a predicar el discurso de
"me utilizaron". Para él no existía nadie más y jamás entendió que un
proceso requiere de varios elementos, cada uno con su propio nivel de prioridad
según el momento.
Esta breve reseña de las
habituales red flags en organizaciones, comunidades y grupos no busca nada más
que evitar descontentos y frustraciones. Si usted, estimado lector, ha
identificado estas alertas o perfiles, actúe con prudencia; dele la importancia
necesaria, ni más ni menos. Como dicen por ahí: que solo importe lo que suma,
pero lo que resta hay que tenerlo bajo vigilancia.
Y si, por otro lado, apreciado
lector, usted se siente identificado con algo de lo anterior, tómelo de la
mejor manera: reflexione, deconstrúyase y mejore. Recuerde que ya dió el primer
gran paso, hacer camino.
En este transitar nada debe
detener el propósito Izquierdista Democrático.


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